miércoles, 5 de diciembre de 2012

JULIETA LANTERI




Su nombre real era Julia Magdalena Ángela Lanteri, Cuneo, Italia, 22 de marzo de 1873 Buenos Aires, 23 de febrero de 1932) fue una política y feminista italo-argentina.

Llegó a la Argentina desde Italia, junto a su familia, cuando contaba con 6 años de edad. Su familia después de varias residencias logró afincarse en La Plata. En 1886, Lanteri ingresó al Colegio Nacional que la habilitaba para ingresar a la Universidad. En 1891 optó por estudiar Medicina, una profesión vedada a las mujeres pero pudo acceder por un permiso especial del decano, Dr. Leopoldo Montes de Oca. Se convirtió en la quinta médica recibida en Argentina y, junto con la primera egresada en esa casa de estudios la Dra. Cecilia Grierson, fundó la Asociación Universitaria Argentina.
Trayectoria

En 1906 integró el Centro Feminista del Congreso Internacional del Libre Pensamiento que se hizo en Buenos Aires y con otras feministas como Raquel Camaña, Elvira Rawson de Dellepiane, Petrona Eyle, Sara Justo, Cecilia Grierson y Adelia Di Carlo, reclamaban por los derechos cívicos femeninos en Argentina.

Organizó para mayo de 1910, junto a otras mujeres, el Congreso Femenino Internacional que tuvo como sede a Buenos Aires. Se presentaron trabajos de mujeres de todo el mundo referidas a temáticas de género como derechos civiles y políticos, divorcio, educación, cultura, economía, etc. Fue el primer evento de este tipo que mostró al mundo, y de manera concreta, la organización feminista y las propuestas para modificar las situaciones de inferioridad que vivían las mujeres argentinas y del mundo entero.

Cuando en 1911 la Municipalidad de Buenos Aires convocó a los vecinos para que actualizaran sus datos en los padrones, en vistas a las elecciones municipales de legisladores, llamó a que lo hicieran los ciudadanos mayores, residentes en la ciudad, que tuvieran un comercio o industria o ejercieran una profesión liberal y pagasen impuestos. La incansable Lanteri, advirtió que nada se decía sobre el sexo. Entonces se inscribió en la Parroquia San Juan Evangelista de La Boca, que era la que le correspondía por su domicilio y cuando llegó el 26 de noviembre de ese año, día de las elecciones, votó en el atrio de esa iglesia.


El Dr. Adolfo Saldías, presidente de mesa, la saludó y se congratuló “por ser el firmante del documento del primer sufragio de una mujer en el país y en Sudamérica”. La Dra. Lanteri se dirigió a La Nación y a La Prensa, por entonces los medios escritos más leídos y contó el hecho. Al día siguiente apareció en los diarios la novedad.

Poco tiempo después, el Concejo Deliberante porteño sancionó una ordenanza donde especificaba claramente que estaba prohibido el voto de las mujeres porque el empadronamiento se basaba en el registro de empadronamiento del servicio militar. Al enterarse de eso, Julieta Lanteri se presentó ante registros militares de Capital Federal, solicitando ser enrolada y acudió directamente al Ministro de Guerra y Marina.

En el año 1919, se postula a una banca en el Congreso como diputada, convirtiéndose así en la primera mujer candidata en la Argentina. Al no ser legalizada para ingresar al parlamento organizó y encabezó en Plaza Flores el primer simulacro de votación callejera. Este meeting congregó más de dos mil personas, y llamó la atención de las feministas en el mundo. A principios de 1920, el Senador Dr. Juan B. Justo la incluyó en su lista del Partido Socialista Argentino junto a Alicia Moreau de Justo.

La incansable Lanteri siguió adelante, fundó el Partido Feminista Nacional por el que se postuló a legisladora en varias oportunidades. En 1924, año en que triunfó el Dr. Alfredo Palacios, Julieta lo siguió en cantidad de votos obtenidos. No fue poca cosa, y a partir de allí comenzó a ganarse aún más enemigos.

Los principios de su partido se incorporaron a partidos nacionales en San Juan y Mendoza. Previó golpes totalitarios en Sudamérica, disertando en la Universidad Nacional de La Plata y se entrevistó con el Dr. Marcelo T. de Alvear para comentarle alternativas antiautoritarias. Bregó por derechos y mejoras laborales femeninas e infantiles.

Vivió en Buenos Aires, La Plata, Olivos y Quilmes, lugares donde cultivó la amistad con Alfonsina Storni, Alfredo Palacios, José Ingenieros, entre muchas personalidades sobresalientes. La que fue su última vivienda se conserva en la localidad de Berazategui. Actualmente funciona allí una panadería. El Museo Histórico y Natural conserva algunos pocos objetos de este rico personaje.

El sospechoso accidente de un auto marcha atrás, que la golpeó mortalmente el 23 de febrero de 1932, terminó con su lucha, pero no con su memoria. Dos libros biográficos, una calle en Puerto Madero, una escuela en San Juan y una escuela secundaria de Berazategui (Escuela Media Nº10) y varias entidades con su nombre, la recuerdan y homenajean. Cuando en 2000 la Municipalidad de Buenos Aires convocó a varias ONG para elegir las mujeres más destacadas de todo el Siglo XX, ella fue una de las dieciocho elegidas.

Desde 2010, el Museo Histórico de Berazategui en el mes de la mujer, realiza la entrega de la Distinción Dra. Julieta Lanteri a mujeres destacadas de la comunidad de Berazategui, a modo de homenaje de quien fuera vecina de dicha ciudad entre los años 1920 y 1932, año en que muere.

"La mujer librepensadora" es el texto de una conferencia dictada por Julieta Lanteri en la Logia 12 de Octubre. Dicha Logia integró los Talleres de la Gran Logia Filial Hispano-Argentina bajo los auspicios del Grande Oriente Español en suelo nacional. Luego, junto a los otros Talleres del GOE, constituyó la Gran Logia Nacional Argentina (1926-1932). Luis Salessi (1878-1959), Gran Maestre de esta última Gran Logia entre 1926 y 1929, recopiló un conjunto de textos, sin fecha de edición, entre los cuales está incluída esta conferencia

La mujer librepensadora

"Señores:
Lejos de mi el pensamiento de buscar vuestro aplauso, traigo a esta hermosa reunión un gajo de mi ilusión femenina, llena del perfume de mi alma libre de todo prejuicio, de todo dogma, de toda social esclavitud.
Vengo a hablar a esta reunión porque sé que muchas almas de mujer me escucharán y su generosidad y bondad es tan grande, que el eco simpático que mis palabras produzcan al chocar con ellas inundará mi corazón de gozo.
Almas de mujer, tiernas, buenas, sensibles, llenas de ilusiones, de ternuras, de sublime amor. 
Cuerpos que las cobijan, frescos y sonrosados, llenos de encantos y suaves fragancias, cáliz hermoso que guarda la flor más bella de la creación.
La luz que de sus ojos se desprende ilumina el sendero de la humana vida y hace llevaderos todos los trabajos, todos los pesares.
Sus amorosos brazos cobijan al hombre desde que nace a la vida.
Su seno fecundo crea la misma vida, y en el dulce néctar donde encuentra su primer alimento, sorbe el hombre todo el infinito amor que la madre siente por él.
Las horas y los días más hermosos de su vida, son para la mujer aquellos en los que se da toda para los demás, empezando por dar su galana juventud a la mirada del codicioso de sus hechizos y de sus encantos, sea él bueno o malo. Ella no ve ni la maldad ni la bondad ni el cálculo. Ella solo siente la primavera de su vida en todo lo que la rodea.
El amor es su norte, su estrella polar. Tiene la intuición de que ella misma es el amor, es la vida.
Ella es la fuente de la vida.
Entrega su cuerpo delicado, todas las ingenuidades de su alma, todas sus esperanzas al compañero de humanidad y de vida que la hará fecunda,  y que velará su maternidad y traerá pan y caricias al dulce hogar.
Para ella guarda la naturaleza el secreto misterioso de la creación de un ser que será ella misma, el brote nuevo, la última creación del hogar.
Para ella guarda la naturaleza, en su ser la acumula, la fuerza creadora que generará los mundos, y la alimenta con su amor, con su amor la envuelve, la circunda porque ella es amor.
Y el amor es el dolor con que la mujer entrega su fruto al mundo, que la vincula con la evolución y con la cadena de la vida.
Y siempre para los demás, cuida y ama al hijo, al esposo, al hogar.
Su vida se desliza entre el trabajo y la abnegación.
¿Pone siempre el varón, a su alcance, la ternura y las comodidades que ella y las vidas que ha creado necesitan?
¿Siente siempre el varón la veneración que debe inspirar el tabernáculo sacrosanto que guarda la hostia sagrada en que el espíritu supremo de la vida ha tomado forma?
¿Puede el varón apreciar la florcita inmaculada de la ingenua y cándida niña  que le brinda tesoros infinitos de ternura y amor? 
¿Sabe la mujer misma lo que ella vale, lo que ella es?
Jamás la luz se conoció a sí misma, las tinieblas a su contacto dejan de ser tinieblas.
En el oscuro fondo del alma masculina no siempre puede penetrar la luz. El rayo luminoso a menudo se desvía y la quebrada reemplaza la recta. El alma masculina es densa, menos sutil, menos etérea que la femenina. Pesa más, la gravedad puede más en ella. Vibra menos y responde a menor número de vibraciones. 
Las vibraciones más generosas los atraen y la sensualidad es su primera manifestación. En segundo lugar el varón ama la tierra más que a sí mismo y la ama concientemente, la desea y quiere hacerla suya; todo es capaz de dejarlo perecer, de matar también es capaz, antes que entregarla.
La vida entera puede un varón emplearla en acumular riquezas que tal vez no producen ningún bienestar ni a él ni a los suyos y solo beneficiará a sus herederos, y al mismo tiempo no apreciar ni un solo momento a la mujer que tiene a su lado, a las vidas que de ellos surgen, se crean y desarrollan. 
El pensamiento vuela bajo, tan bajo como ave de corral, solo ve la cáscara y no percibe la eflorescencia, el perfume de la humana flor, ni siquiera ve la luz que amorosa besa esa tierra. 
La sensualidad y el interés es el móvil que guía sus pasos. Hasta la conservación de la especie es para él menos consciente que la conservación de su propiedad.
El varón que así siente, y que inútil es negarlo, constituye la inmensa mayoría de hoy, y la totalidad en el pasado nunca fue capaz de apreciar a la mujer en su justo valer. Él no pudo comprender sino aquellas cosas que tenía en sí mismo: su sensualidad y su interés; y la magnífica belleza todo altruismo, todo amor, del alma femenina, queda siendo para él menos que un misterio, pues nunca pudo vislumbrarla. 
Jamás la luz se conoció a sí misma, así le pasó a la mujer. El patrón de la tierra la hizo su sierva y fue su amo. Quedó subyugada y con ella sus hijos. Todos tuvieron patrón, como patrón tuvo también la bestia de trabajo y hasta el jilguero inocente, porque el egoísmo y el interés llevaron al varón hasta hacerse dueño del pájaro y le construyó una jaula. 
Nada pudo saciarlo. Dueño de la mujer se hizo dueño de su prole, de su legítima propiedad, del fruto de su vientre, de su hijo, carne de su carne que es ella misma. Le puso su sello, le dio su nombre.
Obligó a la mujer a la pasividad más completa haciéndole producir los frutos que él quisiera, y cuando el fruto era hembra, como esta no podía arar la tierra la maldecía al nacer y la destinaba a la vulgar reproducción como a la ternera de su corral.
De vez en cuando una revelación divina mostrábales el azul  del cielo y marcábales líneas de conducta, y de la tierra bruta surgían los amos que marcaban límites que creaban e imponían las leyes. 
La mujer no podía crearlas, su código es amor y amor es su ley. Mas la sierva como el amo tuvo leyes.
La propiedad del hijo le fue negada, la propiedad de la tierra nunca la tuvo, ¿qué le acordaron a la mujer?
Los años han ido acumulándose unos sobre los otros, el último es el presente, y en este presente la mujer, el foco luminoso que no se conoce a sí misma continúa amarrada a la cadena que el amo le pusiera, le da los hijos que él quiere, sufre las leyes que él le impuso, come el pan que él quiere darle, vive donde él quiere que viva; se prostituye para que la bestia no asalte la propiedad ajena, esconde su propio nombre y tolera que la llamen el sexo débil. ¡Pobre la mujer! ¡Pobre la mujer! ¿Llegará el día en que la luz sabrá que ella es luz?
¿Llegará un día esta humanidad a comprender que la tiniebla, al acercarse a la luz, deja de ser tiniebla?
Una esperanza empieza a brillar en el oscuro horizonte. La conciencia de su valer empieza a despertar en la mujer, en distintas partes del campo se ven las fogatas. En suelo Sudamericano también, donde nunca alcanzaron los resplandores del norte, la mujer levanta su bandera que tiene los colores del librepensamiento. Ella no quier ser patrona, ni admite amos. Para ella todos son iguales, todos son uno en la raza y en la especie, porque ella es la madre de todos. Para ella no existe la propiedad, ni quiere matar para conservarla, la tierra entera es su patria. La fuerza que creó los mundos y que ella guarda en su seno inmaculado le grita fuerte a su entendimiento que la voluntad del hombre es la misma que creara los cosmos, y que él es Dios mismo. No envilece al compañero pues sabe guardar el límite de su derecho; y la luz conoce qué es la luz, pues sabe gritar: Mi ley es amor".

Referencias
Wikipedia; Revista Todo es Historia, Año XVI, Agosto de 1982, Nº 183; Ex Libris, Luis Salessi.

Bibliografía

Julieta Lanteri, Pionera del sufragio femenino en Argentina
Araceli Bellota, Julieta Lanteri. La pasión de una mujer, Editorial Planeta
Ana María de Mena. Paloma blanca. Biografía de Julieta Lanteri.